El tema de la crisis en Medio Oriente es más complicado de lo que parece, ya que una de las causales de estas revueltas es el incremento de los precios de los alimentos, y no se sabe hasta dónde podría llegar la convulsión. Según Francia, las subas están concentradas en los precios de los cereales y del azúcar, y pide a la FAO que tome cartas en el asunto. Por ahora, la crisis no alcanzó a Arabia Saudita, el principal país productor de petróleo en el mundo. Pero hay que estar atentos, porque esta crisis parece contagiosa, y no se recuerda una situación similar.
De la crisis del petróleo de 1973 derivó que Brasil se lanzara a desarrollar su plan Proalcohol, a fines de los años 70, iniciativa que también impulsó la Argentina con el plan Alconafta, que finalmente no prosperó.
Actualmente, con el programa nacional de biocombustibles en marcha, los altos precios del azúcar condicionan la producción de alcohol. El año pasado, quedó claro que vendría bien un aumento del volumen de alcohol para naftas, lo que permitiría que no haya que importar nafta. En 2010, por primera vez se quebró la tendencia de la Argentina como país superavitario en materia energética, porque se importó más de lo que se exportó, en un valor no significativo -3%-.
El problema es que la Argentina no dispone de yacimientos importantes de petróleo y no se construyen nuevas refinerías, que demandan inversiones millonarias. Y las actuales no pueden dar más.
Una alternativa sería que la Argentina propulse un mejor equilibrio en su matriz energética, que es altamente dependiente del gas y el petróleo. Y en el Gobierno nacional hay preocupación sobre este tema. El año pasado, se aprobaron dos proyectos para la elaboración de alcohol de maíz para mezclar con las naftas, porque el país quiere producir más alcohol. Son dos proyectos grandes, de empresas ligadas a la producción de granos.
Lo negativo es que no se han actualizado los precios de los biocombustibles y comienzan a quebrarse las reglas del juego, que fijaban que se ajustan los valores al precio de la nafta. Y si se traba por el lado de la nafta, el programa de biocombustibles se perjudica en forma indirecta. Sin precios actualizados se crean argumentos para no invertir. Y hacen falta muchas inversiones, en especial para el tratamiento de la vinaza. Pienso que el programa de biocombustibles no corre riesgos, pero no avanzará mucho mientras continúen los actuales precios.